Fan

Ni siquiera de chicuela he sido yo de darme a los mitos del momento. No he ido a conciertos a pegar grititos ni he saqueado las revistas de moda, para hacerme un colage de ídolos que lucir en la carpeta de clase.

Sin embargo, hoy, a medio añito largo de que caigan los 40 sobre mis espaldas, recortaría y pegaría una foto. Me declaro fan número 1 de una mujer anónima, que me tiene presa de admiración por su persona.

Es una discreta luchadora. No mete nada de ruido. Nada. Pero avanza y gana terreno en las líneas, para proteger lo suyo. Sin perder el Norte. Serenidad al mando, comprensión pautada y la fuerza de quien teme que no la quieran más, sin olvidar que el amor a una misma no permite soledad en compañía.

Me regala su confianza y siento orgullo de que aprecie mi cercanía y escuche mis palabras, tantas veces torpes e incapaces de aliviar su desencanto. Me cuesta descubrir su mirada apagada algunas veces, pero me encanta verla agarrada a pequeñas ilusiones que la arrastran desde el cansancio y la tristeza hacia su empeño.

Olalá tuviera cápsulas de confianza con las que prepararle un café expresso. Y unas torrijas de canela con las que acompañar uno de tantos momentos. Y un rinconcito en un bar en el que reirnos de todo esto, al abrigo del frío que acabará llegando, espero que sólo a nuestros cuerpos y no a nuestros sueños.

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