Socorro: fin de curso otra vez

Ya escribí sobre esto el año pasado, pero voy a la carga otra vez. El fin de curso es un estado mental insoportable. No es posible concentrar tantos eventos artísticos y culturales en las mismas fechas e, incluso, en el mismo tramo horario. No es posible pero ¡ocurre! cada año.

Es un misterio que nadie está estudiando por lo de la fuga de cerebros y el maltrato a la investigación que nos gastamos en nuestro país. Es un misterio a la altura del de la Trinidad: Padre, Hijo, Espíritu Santo y Fin de Curso. El Padre y el Hijo no me dan mala vida; el Espíritu Santo, me inquieta un poco, la verdad. Pero el Fin de Curso me pone en erupción sin remedio.

Si durante el resto del año ya me la juego desarrollando la hipótesis de que el don de la ubicuidad será femenino-maternal o no será, en junio me desdigo del todo: no es posible estar en todas partes. El bicho este maligno que tenemos muchas mujeres insensatas que nos lleva a ir a por todas, se pone gordo en el mes del fin de curso y repta con su cara de "petaré, pero de momento paso". Repta por los recovecos de nuestro cerebro y va dejando sus cagolitas por donde pasa. Repta y aniquila la paz y el autocontrol.
Me cagüen todo.

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