El crujido

Anteayer volví a mi ciudad por unas horas para acompañar a una amiga en la despedida de su madre fallecida. Estoy revuelta desde que conocí la noticia. Mi generación tiene ya padres y madres mayores. Eso es así y nos vamos haciendo a la idea; aunque resistiéndonos, es verdad. 

Nos cuesta dejar marchar nuestra juventud y tanto o más asimilar que -si no lo hemos hecho ya- el momento de llorar a quienes nos dieron la vida está más cerca, y saberlo no te prepara para esa pérdida irreparable.

Incluso en el caso de que la relación con la madre, el padre, ambos quizá, no hubiera sido buena, pienso que la ruptura de esa soga original desgastada por el roce de cada minuto compartido debe ser demoledora

Dejar marchar... Aferrarse a una voz, a las facciones, los gestos, los andares, miles de recuerdos. Pedirle todo el esfuerzo posible a la memoria para retener, repartidos entre cabeza y corazón, los pedacitos de vida en común que nos hicieron ser como somos.

Saber que todo aquello que en vida no hicimos ni dijimos nos pesará para siempre cuando ya no quepa volver atrás, y no quedará otra que aliviarnos con el débil pensamiento de haber hecho las cosas como mejor supimos o pudimos.
Puedo imaginar ese frío y ese dolor de haber sido arrancada de la raíz. Puedo imaginar el crujido del alma en el momento del adiós al padre o a la madre.
Hacía muchos años que no veía a Mari Carmen pero la recuerdo muy bien. Siempre me llamaba "Maca". Sonrío pensando por qué a ella nunca le dije que no lo hiciera. Era la madre de mi amiga; simpática, acogedora y muy fumadora. La recordaré siempre con el pitillo en la mano y con el perrillo, ¡que vivió una porronada de años!

El sacerdote que ofició el funeral dijo que podíamos despedir de este mundo a Mari Carmen al tiempo que celebrar su vida: lo que nos aportó, lo que compartimos con ella directamente o a través de la familia que formó. Y creo que es la única manera de esperar que el cielo vuelva a ser azul cuando deje de llover sobre los corazones rotos que ha dejado la pérdida de Mari Carmen. Descanse en paz.  

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