La trampa de la gobernanza

Llevo dos días en casa y ya me han vuelto las ganas de salir corriendo. Volver de vacaciones no es algo que desee nadie pero hay algo de tirón en aquello de recuperar la casa propia. Los espacios creados, experimentados, validados... El aire que se respira, los ruidos o la ausencia de ellos, el arrope del hogar... Es reconfortante volver si se tiene a dónde y ese dónde se siente como propio.
Ay... Pero es que una vez recuperado el hogar vuelve el pack completo: los roles, los vicios convivenciales, la incompatibilidad de los desórdenes confortables de cada cual, la evidencia del desigual afán por el cuidado de lo comunitario, la finísima línea entre el respeto y lo inaceptable. Vuelve la batalla y vuelve la peor versión de mí a sacar las tablas de la ley y a liarla parda por los rincones.

Yo, que me tengo por feminista y observadora permanente de la desigualdad, no me explico cómo caigo una y mil veces en la trampa de la gobernanza del hogar. Da igual que las tareas estén convenientemente repartidas y que la pareja lo asuma con naturalidad, sin pataleos por la pérdida de privilegios. Da igual, porque millones de mujeres del mundo civilizado podemos asegurar que esto no nos libera de liderar la gobernanza del hogar. Aquello que no es particularmente de nadie pero que es sumamente necesario, es nuestro. Adelantarnos a las dificultades que se apuntan, promover la convivencia entre las partes en este mundo tan en red que genera tanta soledad, hacer seguimiento de los temas, espolear a las criaturas para que alguna vez lleguen a tiempo a alguna parte, llevar la agenda de cumpleaños y celebraciones, llamadas que se deben, corresponder a detalles que se esperan... Y sí, también cambiar las sábanas, las toallas y ordenar los armarios.

Hay quien dice que nos arrogamos esta responsabilidad porque tenemos un orgullo patológico transmitido de generación en generación que nos tiene convencidas de que hay cosas que nadie las hace como nosotras... de bien, claro. Niego la mayor. Mi sensación es que hay cosas que nadie las hace si no las hacemos nosotras. Sin más. Si quieres que algo esté hecho hazlo tú. He ahí la trampa.

Una intenta educar a todo quisqui con quien comparte techo, con muchas dudas de que realmente le corresponda hacerlo. Y no sale bien. Es una tarea infructuosa, no resulta, el mensaje no llega, no conmueve, no llama a ser parte de la transformación del hogar. La familia es un organigrama perverso para las mujeres. Se nos ha confiado la tarea imposible de que todo, todos y todas estén bien. Pero entérense: no podemos hacerlo sin renunciar a nuestra estabilidad y salud mental.

Podríamos simplemente dejar de hacer todas esas cosas y que se queden sin hacer... Que levante la mano quien sepa cómo y que proponga un curso online. A mí el espíritu no me permite sumarme a la dejadez y a la indiferencia ante los cuidados que precisan las personas a las que quiero y el entorno en el que vivo.
De toda la pelea por la igualdad, la del hogar me parece la más dura. Cuesta mucho identificar al enemigo dentro de casa.

Comentarios

Mentxu Ramilo Araujo ha dicho que…
De gobernanza "teórica" sé algo. Mira agenda y quedamos una tarde para conversar de ello :) La gobernanza va de establecer reglas de juego (consensuadas, negociadas, impuestas); de identificar actores y qué recursos tiene y está dispuestos a aportar/compartir/regalar/intercambiar/ceder/vender... para que los propósitos comunes (limpiezas, cuidados...) se lleven a cabo de manera que el resultado final sea una casa/espacio común con gobernabilidad = aceptación de todas las personas del espacio que la gestión de los recursos/espacios comunes van bien...bla, bla, bla... La teoría está chupada!! Muackkkk
Macarena ha dicho que…
Ay, querida, si el problema es que la gobernanza hay que querer asumirla. Si ni siquiera sientes que va contigo... ahí está el problema: alguna por ahí, fijo que la asume en solitario. Y en familias con criaturas, adivina quién se hace cargo.
La teoría de la gobernanza en el hogar cae por su peso, como dices. La práctica es otro cantar: no se saca unO el perfil tan fácil.
Muackkkk

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