A Mari Domingi le duelen los pies

Tengo permiso hasta mañana a las 13:00 h para despotricar contra las navidades y pienso agotar mi tiempo.

"¿Por qué tan mala onda? ¿Por qué eres tan cortarrollos? ¿Pero tú no tienes niñas en casa?" Ahí. Ese es el punto, esa es la clave, la trampa, la soga al cuello, las ganas de correr. Socorro. ¿Por qué duran tanto las navidades?

Ahí va una exclusiva: Olentzero está muy liado y a Mari Domingi le duelen mucho, mucho, los pies. Pero da igual. Porque la Navidad es mágica y suceden cosas.

Hay un minivídeo que se envía por WhatsApp en la que un chico pide a voces: 

-¿Me das un vaso de agua?...
-¿Me das un vaso de agua?...
- ¡Hasta los c. de vivir solo!

Pues un poco así. En navidades todo quisqui pide, desea, anhela, espera... Con la certeza de que su demanda será recepcionada por la "Navidad" y el milagro se obrará. Y ocurre. Cuando hay niños y niñas en casa, ocurre. Pero no son cortesía ni del carbonero ni de los magos: el Olentzero y los Reyes son las madres. ¡No pasa nada! ¡Restémosle drama al asunto! ¿Milagros? Eso es lo que mejor sabemos hacer. Los hacemos cada día. Nuestra existencia va de eso: de lo imposible.

Las navidades son dinamitadoras de la paz (poca) de las madres. Una vez creímos en la Navidad y en que la brillantina podía adornar también nuestro pelo y en que pedir más comunicacion, más abrazos, más besos, más cuidados mutuos en nuestra carta a los Reyes Magos tenía un sentido.

Hoy, cuando apenas quedan días para Nochebuena, a las madres como yo, cansadas, decepcionadas y descreídas, nos ofende la navidad; porque nos pasa por encima sin tenernos en cuenta, como tantas veces. Y nos toca cubrir a los Olentzeros que solo están de guardia la noche del 24. Las casas en las que hay niños y niñas hace tiempo que tienen a su Mari Domingi particular fabricando ilusión, pateando las tiendas, navegando por la red. Y es lo mismo todos los años, todos los años, todos los años...

Mi admiración superlativa para las madres a las que no les encaja mi amargura y están felices de ser motor de ilusión en sus hogares; para las madres que además de memorizar las cartas y hacer realidad los sueños, hacen la compra, cocinan, preparan mesas al detalle y sonríen desde dentro, de verdad; no como yo.

Me piden que me porte bien en Navidad y está en mi naturaleza -al menos el intento sincero- contribuir al bienestar de mi gente. Pues sea, el viernes a las 13:00 h estreno película: "Mamá celebra la Navidad"; el mío, un papelón. Pero yo si me pongo, me pongo.

Feliz Navidad (de verdad).

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