Edulcorar la Navidad

"Detrás de la Navidad hay dolor y muerte. Edulcorar la Navidad está bien para los belenes, pero no para la realidad". Lo dijo el obispo de Vitoria la semana pasada en una rueda de prensa. Esta frase pasó totalmente desapercibida para los medios de comunicación; a mí se me puso un nudo en el estómago al escucharla y no he dejado de darle vueltas ni de compartirla.

Podría parecer que, como soy tan poco navideña, me agarro a lo que sea para sostener mi argumentario. Pero no es eso. Esta frase me lleva lejos y me trae cerca.

Decía también el obispo que "hasta el frío parece bonito en los belenes". No puedo estar más de acuerdo. El empeño que ponemos en Navidad por hacer parecer que las cosas son lo que no son, me agota y me entristece.

Nada nuevo en el discurso crítico con el consumo descontrolado y los excesos gastronómicos. Es así: lo vemos todas las personas con nitidez, pero "son unos días, no hacemos daño nadie".

Yo pienso que a estas alturas de desarrollo del mundo globalizado muchas cosas que hacemos hacen daño a alguien. Creo sinceramente que desvestida la Navidad de su sentido religioso (el único que tiene), las navidades no nos permiten mirar con atención que los pastores del belén son gente pobre que acude a ver a un niño humilde, apenas cubierto con una sábana; que hay una pareja descartada que se ha refugiado en un portal con animales para recibir a su hijo. Que hay tres señores magos y ricos que reconocen en el pobre niño la esperanza que dibuja reconocer en el rostro de los humildes el camino para la reconciliación con la justicia.

Desvestida la Navidad en tantos corazones nos perdemos en las luces, los villancicos, los presentes y las uvas, y apenas vemos el dolor y la muerte de los que hablaba el obispo, en los telemaratones y en las campañas de captación de donativos de las ONGs.

Pasará la Navidad y habremos perdido otra oportunidad de recordar, cada vez que contemplemos un belén, que tenemos la responsabilidad urgente de cobijar a las familias sin hogar, de acoger a las personas que llegan de lejos y de devolver la dignidad a quienes no tienen lo que les toca porque nos lo hemos repartido entre cuatro y no asumimos ni la deuda ni nuestra indiferencia ni nuestra falta de compromiso.

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