Cumulonimbos desaforados

Pues vaya cómo estamos, ¿no? Cada vez que pongo un informativo en la televisión encuentro nuevas imágenes de inundaciones, riadas, torrentes de agua descendiendo por las calles hacia el mar; en Benidorm, la gente no podía salir del Mediterráneo porque les empujaban mar adentro los ríos de agua que venían de las aceras comiéndose también la arena. He visto locales anegados, un tío con una tabla y un remo rollo góndola, terrazas completas navegando por las calles, coches cruzados con barro por encima de las ruedas...

Empiezan a ser imágenes habituales de este verano marciano (me la juego imaginando un verano en Marte) y yo estoy confusa, desubicada... Aragón, Cataluña, Levante, Baleares, Andalucía... Las reinas de la fiesta en los mapas del tiempo que me ponen los dientes largos durante todo el año. Son territorios a donde voy buscando refugio, luz y calor en cuanto tengo ocasión. En mi tierra, estragos no, pero tampoco para alharacas: nuestra capota monocromática ahí sigue, colocada encima de mi casa (es donde tiene el campo base, yo lo sé) y de ahí ofreciendo cobertura de cumulonimbos y temperaturas raquiticas a todo el norte. Si es que como en casa... :-(

Visualizo la estampa desde mi memoria histórica, porque pillarme a mí en agosto en el norte es más difícil que bajar la media de espera en una oficina de Correos (está en 43 minutos 12 segundos; si tienes el coche mal aparcado o mucha prisa, 1 hora 23 minutos).

Se me hace muy raro ver llover de esta manera en estos lugares donde el sol se complace prácticamente cada día en salir por el Este y meterse por el Oeste, a la vista de cualquier ser humano agradecido a la vida por la luz. Se me muestra un regalo que, en estos días de tormentas desaforadas, al otro lado de mis ventanas sí luzca el sol, acostumbrada como estoy a que las previsiones de lluvia - ese dibujito tan irritante de la nube gris con rayitas- se coloquen siempre en el mapa, justo, justo sobre mi tejado.

Me he encontrado en Internet una información sobre curiosidades en relación con las tormentas. Cuenta que en el Lago del Maracaibo (Venezuela) tienen más de 260 días de tormenta al año, con su media de 1,7 millones de rayos. Qué lugar tan acogedor debe ser.

Dice también este texto de quo que los rayos tienen una potencia de unos 30 millones de voltios, con temperaturas muy, muy altas. Y atención al dato: "con esta energía sería posible hacer 4.000 tostadas". ¿Solo yo flipo con los términos que se usan para las comparativas? ¿Alguien se hace una idea de lo que son 4.000 tostadas? Me pasa como con las cifras de fraude y mangoneo a las arcas públicas: mi cabeza no es capaz de decodificar tantos dígitos. Quo habla también de las fulguritas, de las figuras de Lichtenberg y de los rayos dormidos, de los que yo no había oído hablar nunca. Ahí os lo dejo, por si os apetece echarle un ojo a la información.

Para terminar, como los cumulonimbos que centran este post están muy chulitos esta temporada, y quien más quien menos se ha grabado un vídeo con el granizo de turno en la mano, os dejo también este vídeo con recomendaciones de eltiempo.es:

¡Hala, pues! ¡Cuidarse! Y no perderse la última imagen con el claim de eltiempo.es, que hoy me ha dibujado una sonrisa, pero me llego a encontrar la frase en junio y, a lo mejor, me hubiera salido el cumulonimbo de guardia que siempre llevo dentro y me hubiera puesto a hacer tostadas cascoporro. 
"Que haga bueno depende de ti" 

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