La mosca que baila reguetón

Estoy mayor ya para saber si todavía se hace eso del happy hour en las discotecas. No podría asegurar que sí en el mundo de los seres humanos, pero sé positivamente -esto lo decían mucho mis monjas- que las moscas tienen horas felices de reguetón y salsa todos los días de agosto, en mi habitación, a partir de las siete de la mañana.

Hay una que es gogó. Baila que te mueres subida a uno de mis pabellones auditivos y desde allí zumba para que las demás la vean. Viene con una amiguita siempre, tan monas. Una se menea sin conocimiento junto a mi oreja y la otra le ronda desde mis hombros, mi antebrazo... A veces, también desde mi rodilla; pondrán ahí la barra, a lo mejor. Y así, felices los cuatro, pasamos el rato. En purita paz... ¿No visualizais mi sonrisa en esta recreación que os hago sobre la convivencia entre especies humana y animal?

A estos bucólicos despertares de verano solo les pongo una pega: el reguetón, que no me gusta. Y como no me entra bien por la oreja (la mosca gogó sí, ya tiene confianza), no sé bailarlo. Las moscas me ayudan, es verdad. Me dan pistas de posición: un poco como los juegos de pisadas musicales infantiles. Vendría a ser así: las moscas se me van posando, pongamos en una pierna... pues yo la levanto; seguidamente, en el antebrazo... y entonces yo ya sé que tengo que cruzar el otro brazo y asumir la posicion que me marca la mosca; y después, sobre la boca, y ahí yo ya lo doy todo con un meneo rápido de cabeza, a lo "explota, explótame expló" de la Carrá.

Yo sé que, a pesar de tanta ayuda, no bailo bien el reguetón. Pero, oye, vienen a mi casa, a mi habitación, haciendo el esfuerzo de madrugar... a montarme el happy hour... y yo quisiera tener un detalle para corresponder, ya que no contribuyo con espectáculo porque lejos estoy de ser la reina de la pista.

Hay una canción... "¿Y el anillo pa cuándo?"... Les encanta. ¡Dios mío! ¡Ahora caigo! ¡Es una señal! Mi encantadora parejita de moscas está buscando dar el paso. Pues ya está: hoy mismo salgo a mirar alianzas para moscas (en Palencia hay de todo). Voy a acertar con el detalle.

Lo único es que, claro, todo tiene un precio. Una vez casadas, se les terminó el happy hour, como todo ser casado sabe. Me va a dar una pena...

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