Qué bonita, Rozalén

Hay personas que son bonitas y ya está. Es un privilegio encontrártelas por los caminos y compartir con ellas cachitos de vida o la vida entera.

Ayer, escuchando a Rozalén en concierto, tuve esa sensación cálida de estar ante una persona bonita. No es de mi familia ni mi compañera ni mi amiga, pero igual compartió conmigo, y con tanta gente reunida allí, su arte para soplar con amor en los corazones sensibles que buscan reconocerse.

Y es que, a veces, no hace falta tomarse un café ni mirarse directamente a los ojos. Puede ser la música, un texto, una fotografía, un cuadro... lo que haga posible el milagro de la conexión. Esta mujer tiene el don de emocionar, de remover para sanar, de diseminar esperanza y alegría, de darle la vuelta a los dolores y vestir de gala los amores. Las letras de las canciones de Rozalén son una invitación a sumarse al carro del crecimiento personal y colectivo; son una oportunidad para reencontrarse, redirigirse y salir al encuentro.

Anoche asistí a una actuación emocionante. El parque de El Salón de Palencia se nos llenó por un buen rato de valores, de memoria, de reivindicaciones, de amor, de alegría, de fraternidad.

Yo estuve allí y te lo cuento por si te da envidieja y tienes ocasión de comprobar que no me invento nada. Rozalén tiene que ser, sí o sí, tan linda como parece. Creo que si no, sería imposible escribir y cantar de esa manera.

Nota: mención especial para toda la banda y la intérprete de lengua de signos, que hacen posible este lujo junto a Rozalén. Gente trabajando lindo hace cosas lindas ;-)

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