Bla, bla, bla

Mañana vuelvo. A todo. Y estoy... como si me hubieran hackeado el mes de agosto, como cuando ves que te has quedado sin datos y dices: ¿Cómo es posible? ¿Ya?

El 1 de septiembre es un día odioso, aunque caiga en sábado. He visto en la tele que el lunes ya, cuando mire al cielo estará gris y me lloverá encima.

Otra vez con lo mismo. La ciudad, el tiempo que no da, dormir mal, la rutina; la gente y sus rostros, voces, estéticas y roles ejerciendo esa presión terrible del ser y estar que te obliga a poner sobre el tablero también tu rostro, tu voz, tu estética y tu rol. Para que así todo se ponga de nuevo a funcionar, casi diría que sin mi consentimiento pero con mi resignación.

Juguemos la baza de los felices reencuentros y de que todo lo que arranca lleva consigo una oportunidad de cambio: fuera las servidumbres que me esclavizan, las actitudes que me desdibujan, las relaciones que me dañan; se acabó eso de emplear mi tiempo en tareas y personas que no me ven; se acabó capitular ante los dolores viejos.

Pero es que es 1 de septiembre y me resisto de forma visceral sin pretenderlo. Vuelvo al párrafo anterior y ya solo leo bla, bla, bla.  Poco me ha durado el ejercicio de motivación. Mañana, día de echar la llave a mis vacaciones, vestiré peineta con mantilla negra, como en la madrugá, y ya llegará la Pascua, ¿no? Jo.

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