La caja de la heparina


Hace unos días soñé que me levantaba  -yo sola, sobre mis dos piernas- para guardar la caja de las inyecciones de heparina en el aparador. Desde esta esquina del sofá donde paso la mayor parte del día, trabajo sin descanso mi potencial capacidad telequinética. Lo hago con tenacidad y entusiasmo pero, de momento, no he obtenido resultados.

Para alguien como yo, que entiende la armonía visual como peaje necesario para el equilibrio mental y la paz espiritual, contemplar las cosas fuera de sitio resulta perturbador. Es cierto que educa el carácter en la resignación, que dirían las monjas de mi colegio; pero ni en mis tiempos de colegiala ni ahora, la resignación ha tenido encaje en mis dones. Suerte que cuando caigo en brazos de Morfeo, se liberan a través de mis sueños escenas de rebeldía en búsqueda de mi serenidad: ignoro mi pierna rota, me levanto y voy, agarro la caja de la heparina, la guardo en el armario y cierro la puerta airadamente. Sobre mi cabeza se dibuja un bocadillo y sé que pone "Fuera de mi vista ya".

Antes de ayer verbalicé mi desazón ante la visión permanente de la caja sobre la mesa del comedor, y ya no está. La sacan de su encierro a mediodía y ese es el momento en el que ella se desquita por su destierro. Puedo sentir cómo sonríe cuando muestra que todavía quedan un porrón de inyecciones que llevan mi nombre. Es el peor momento del día: la aguja introduciéndose en mi tripa y el fluído penetrando y provocando escozor y dolor al mismo tiempo. Las inyecciones de heparina son los cilicios modernos contra el pecado involuntario de ser paciente de riesgo de trombos.

Dice Javier que para cuándo las muletas human friendly en la vida de las personas impedidas. Cualquiera que se las haya tenido que ver usando o acompañando a alguien que las necesita sabe que las muletas las carga el diablo: tú las apoyas con cuidado en alguna parte, las encajas bien entre ellas para que no se caigan... Y es igual: cuando estás en el momento más delicado de una maniobra de movilización, te atacan; se desploman sobre pies, brazos, muebles y te sientes presa de una repentina irritación.

Me sumo al llamado de Javier y añado: ¿para cuándo la heparina human friendly?

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