Lullabies for me


Estamos preparando un repertorio de nanas en la coral. Yo apenas he podido ir a los ensayos, pero escucho a menudo los temas y los preparo para no quedarme atrás.

Cuando supe a principio de curso que nos íbamos a dedicar en los próximos meses a preparar lullabies, me dio mucha pereza. Ese bebé en la portada del cuadernillo de partituras me llevaba a tiempos que no fueron fáciles y apenas disfruté. Ser una madre poco maternal de serie, es como enfrentar un ochomil sin equipamiento. Pero, como ocurre con casi todo, poniéndome entera a disposición de la crianza y con mucho amor, aprendí a vivir con la sensación, ya sin retorno, de haberme echado a un lado.

En aquellos años canté nanas a mis hijas, las adapté para ellas y puse infinitas veces los mismos CDs cuando las dejaba tranquilas en la cuna, dispuestas a atrapar alguno de esos dulces sueños que imaginaba para ellas.

Han pasado catorce años, Ahots-Argiak me propone paladear cada una de esas notas y siento que ahora esas canciones de cuna son para mí: las escucho, las absorbo, las canto y siento cómo hidratan mi corazón. Desde esta cuna de personas adultas donde me está tocando pasar tantas horas, las lullabies me regalan calma y me mecen las ganas de echar a andar, correr y coger mi bicicleta.

Igual que crecieron mis hijas, mi pierna se recompondrá y entonces devolveré las nanas a los y las bebés del mundo. Lo prometo. Pero ahora las necesito; las escucho, aprendo y canto para mí. Además, he hecho las paces con Mr. Sandman y la he dejado volver al repertorio de lullabies for me.

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