La puerta del anillo mágico

Alguna vez ya he hablado por aquí de la pretecnología que hacíamos en mi cole; una suerte de labores de costura que iban desde el punto de cruz sobre tapete hasta la vainica fina sobre paño de hilo. Sin duda, fueron los primeros pasos en firme que dieron aquellas de mis compañeras que más adelante optaron por formarse en esta rama de la ciencia tan ligada a los costureros, como todo el mundo sabe.

El caso es que yo era una alumna aventajada. Vaya por delante que no me gustaban las labores, pero es cierto que se me daban fenomenal. Tanto es así que alguna vez mis monjas, siempre en clave de valores, me sometieron a interrogatorios incisivos para animarme a confesar que la autoria de mis trabajos llevaba otra firma. Recuerdo sentir que no podía renunciar a mi reconocimiento ni prostituir mi honestidad para darles gusto y que me dejaran en paz, y siempre negué la mayor: los manteles bordados, los estuches de punto y las vainicas de las servilletas eran cosa mía y de nadie más.

Acabó el colegio y terminaron para mí las lanas y las agujas. Hasta que, con motivo de mi convalecencia, se presentó en mi casa una mañana mi querida amiga Mentxu, con dos madejas de ganchillo, dos agujas y la propuesta de enseñarme a echar puntos de cadeneta y puntos bajos mientras practicábamos euskera.

Mentxu propone y Dios dispone. Allí que estuvimos dándole al crochet -una vuelta por el derecho y otra por el revés- y hablando euskera; más bien ella hablando y yo intentándolo. Cuando se fue de mi casa después de haberme regalado un rato de amistad y buena conversación impagable, ni ella ni yo sabíamos que acaba de liarse parda.

Mentxu me mandó un enlace sobre cómo hacer un anillo mágico (confieso que lo primero que me vino a la cabeza fue el anticonceptivo Nuvaring) y tutoriales para enterrar mi analfabetismo crochetil y empezar a manejar con soltura conceptos como vareta, punto deslizado, punto alto o jalar, por poner algunos ejemplos de este vocabulario propio que ya es parte de mi acervo lingüístico.

No sé cómo he podido vivir sin el anillo mágico. Madre mía: es la puerta verdadera hacia la plenitud manufacturera. Entré. Enredé en mis dedos índice y corazón la lana, metí la aguja, recogí hebra, la saqué... y se hizo la luz: mis tardes no han vuelto a ser lo mismo.

Empecé por un cactus que me salió bastante chuchurrío; después un pajarito que murió antes de nacer porque los puntos se me multiplicaban sin control y no había forma de seguir el patrón. Entonces encontré las ballenitas. ¡Y me salieron! Y volví a intentarlo con el pajarito, ¡y me salió también! Y fue entonces cuando el reto se presentó ante mí: un Belén con su María y el niño, San José, la mula y el buey. ¡Hasta la cocina el espíritu navideño que tanto detesto!

He hecho también un mono que me pidió mi chiquitina, estrellitas y calcetines navideños para colgar en el árbol, y ayer parí a mi primer reno Rudolph (me ha salido un encargo): 



Pues en estos menesteres ando. La esquina de imprescindibles del sofá donde tengo a mano todo lo que necesito a diario, tiene un rincón entregado al soporte de mi producción ganchillera: un estuche con agujas de diferentes tamaños, marcadores, alfileres..., algodón sintético para rellenar los muñecos y lanas a cascoporro con la inestimable colaboración de mi querida amiga Marta que me llenó de color las posibilidades de tejer. 

En serio: hacer ganchillo es lo más. Trabaja la creatividad, la paciencia, la aceptación del error; se pasan las horas en un interminable "termino esta parte y lo dejo ya". Sinceramente creo, que cuando recupere mi vida normal, no encontraré tiempo para el crochet, pero el saber no ocupa lugar y los amigurumis tampoco mucho.

Comentarios

Mentxu Ramilo Araujo ha dicho que…
Aún me estoy riendo... Mientras te imagino en la escuela, en el sofá, con tu anillo mágico... Que sepa todo Internet que mi euskera es básico y mis nociones de crochet, mínimas, pero me encanta enredar al personal... Así que, guaparena, ya nos estás haciendo un taller para enseñarnos las claves de ganchillo!!! Y aprovecharemos para grabar algún vídeo y hacerte youtuber, que lo petas seguros con tu arte narrativo y tus creaciones!! Muackkk
Macarena Domaica Goñi ha dicho que…
Jajaja... Fíjate que sí; que creo que de YouTuber lo petaria. Con los rollos que meto... :-)