El despertar de Gregorio Samsa

"Una mañana, tras un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se despertó convertido en un monstruoso insecto".

Este arranque del libro de Kafka me resulta tan reconocible en nuestros días que podría decir que ya no lo encuentro fantasioso. Nuestra sociedad está infectada del mismo desamor y sentido de legítimo descarte que acabó con Gregorio Samsa.

Releo La metamorfosis y me transporto a la ventana de Gregorio, desde donde soy testigo de esta historia que me provoca una emoción profunda; me pega un pellizco en el corazón y me lo retuerce provocándome un dolor lacerante. Es el relato literario de soledad y de amor más desgarrador que conozco.

El drama del hombre convertido en escarabajo ocurre en un contexto familiar, pero el tema del desamparo y el dolor por el abandono es extrapolable a todos los ámbitos de relación humana.

Lo que me pone del revés de esta historia es la vuelta de tuerca de la rendición de Gregorio: más necesitado de amor que nunca, se esconde -haciéndose daño incluso- para evitar a los suyos la visión desagradable de su nuevo aspecto. Acaba por no comer, buscando liberar a su hermana y a su madre de los mínimos cuidados que precisa el bicho en el que se ha convertido. El amor del escarabajo por su familia trasciende toda la indignidad a la que le somete la necesidad de vivir oculto.

Y poco a poco, la repugnancia, la incomodidad y la incapacidad de ocultar la existencia de Gregorio convierten el amor fraterno en una caridad que pierde su sentido en tanto en cuanto se olvida que hubo en el bicho un buen hombre que sostenía con su trabajo y su disposición a toda la familia.

En la más profunda soledad, Gregorio se deja morir. Libera así a su familia de la suciedad y la vergüenza a la que les ata mantener vivo y oculto al escarabajo. Y cuando encuentran el cuerpo inmóvil del pobre Gregorio, lo empujan con el escobón y dan gracias a Dios. Sin el menor atisbo de duelo, el padre, la madre y la hermana de Gregorio Samsa salen a pasear y a ilusionarse con un futuro esperanzador.

La metamorfosis es de una actualidad demoledora. En nuestro tiempo, en nuestro entorno, viven personas con caparazones y patitas cortas por todas partes: solas, incomprendidas, desarraigadas, enfermas de soledad, con el corazón roto y la oportunidad efímera. Quisiera que encontraran la fuerza para no abandonar, para no conformarse, para lograr abrir la puerta de esa habitación hedionda y miserable desde donde nadie puede ni quiere escuchar que son hombres y mujeres que necesitan de amor y cuidados para ponerse en pie y dejar caer los caparazones que, de repente un día, los encerraron en una existencia de incomunicación e inhumanidad.

Mientras escribo esto, Gregorio Samsa despierta convertido en un monstruoso insecto en otro volumen de La metamorfosis, en otro lugar, entre otras manos, ante otras miradas... Y todo vuelve a empezar.

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