Se nos ha roto el corazón

Fotografía de su nieta Paula Lamarca

Desde la salita lo vemos venir. Son muy pasadas las tres de cualquier tarde de un mes de agosto. Viene acompañando sus pasos con la cachaba y mirando al suelo. Gasta andares prudentes, pero sueltos para la edad que tiene; cruza la plaza de Los Olmos sabiendo que lo esperamos para comer desde hace un rato.

Regañado por la tardanza y sin el menor propósito de la enmienda, se sienta en su sitio, saca del bolsillo la navajilla y hace oídos sordos al reproche. Está en su pueblo, en Baltanás; donde todo el mundo lo para para invitarlo a un vino, donde todo el mundo lo quiere. ¡Qué va a hacer!

Pero resulta que no era cosa de estar en su pueblo, sino de ser quien era: un hombre esencialmente bueno.

Aquí en Vitoria, su tierra de acogida, a las siete de la tarde se nos ha roto el corazón. Se nos ha ido para siempre un padre, un suegro, un abuelo, un bisabuelo que supo como nadie darle sentido a la palabra hogar; un amigo, un compañero, un hombre entrañable, acogedor, fraterno; una persona que desde la sencillez y la cercanía supo, sin pretenderlo, dejarnos en herencia un recuerdo sereno y agradecido por haberlo tenido cerca.

En mi casa llevamos muchas horas de lágrimas. Hay dolor por la pérdida del abuelo, del padre, del suegro. Pero se intuye que está por llegarnos un estado de paz, porque lo hemos querido mucho. Con caricias, palabras, besos y una pena muy grande de quienes lo hemos acompañado, Ernesto se ha marchado al abrazo de su Pilar. Descanse en paz.

Comentarios

Macarena Domaica Goñi ha dicho que…
Gracias, Luis 💚
Unknown ha dicho que…
Muy bonito Macarena...😥
Unknown ha dicho que…
Al fin lo he leído!! Precioso, se siente a través del texto tu corazón henchido de agradecimiento! Lo repito: qué suerte poder presumir de un padre y abuelo así de grande!!