No está pagado con nada

Adivinen qué... Mira que me muerdo yo la lengua con según qué temas. Porque sé que al rato se me pasa y que querer con la vida a alguien te dota suficientemente para pasar de la rabia más eléctrica al amor más entregado en poco tiempo (aunque a veces se haga muy largo).

Así es que frunzo el ceño (bien fuerte porque si no, se me escapa la voluntad), meto en una red prieta las palabras, los signos de exclamación (muchos) y, sí, algunos tacos de baja intensidad y lo sumerjo todo en mi pozo de la contención. 

Siempre pensando en el día de después, ese que descarga la densidad de cualquier nubarrón; y pensando sobre todo en el día de mañana, porque soy consciente hasta el infinito y más allá de que lo escrito, escrito queda y de que, con el pasar del tiempo, tiene que ser una capaz de defenderse de sus verborreas con cierta dignidad. Apelar al contexto de los hechos acontecidos en tiempos pasados puede ser atenuante, pero indemne no sales del reproche. Hablar de más siempre tiene un precio. 

Así es que, lanzado el planteamiento, hagan juego señoras y señores: qué será, qué será aquello que no está pagado con nada y que ha motivado esta entrada. Yo no diré más. Ya sé yo mis cosas.

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