Oremos


Está lloviendo lo que ya está en los escritos. De hecho, fue durante el invierno y la primavera pasada cuando llovió lo que no estaba en los escritos. En la bella San Sebastián llovió, incluso, más. El cielo está ya reservado entero para donostiarras y no queda sitio para nadie. Hay en marcha, además, un proyecto de construcción de unos embalses celestiales, para que puedan seguir dale que te pego con las traineras cuando arriven junto al Padre. Fijaos si se lo ha ganado este pueblo petado de buena gente bajo la lluvia impenitente. Seguiré yendo a Donostia de vez en cuando, encantada de la vida, pero asegurándome de no perder el último autobús a Vitoria-Gasteiz. Aquí dos o tres minutos al día, la lluvia para; justo para renovar nuestras ganas de vivir un poco más y ya: a llover de nuevo, no vaya a ser que nos dé por llenar los jardines de cactus y perdamos la flora autóctona, requeteverde ella como la verde rama de la canción.

Escribo estas líneas como ejercicio terapéutico para quitarle hierro al día que he pasado. No sabe nadie lo que es necesitar las manos para manejar la motillo, conseguir hacer una pinza con un par de dedos para apuntalar el frágil equilibrio de unas muletas puestas de pie y, además, sujetar un paraguas. Es una pura fiesta porque, mientras la lluvia racheada surfea sobre mi ortesis, por el otro lado, busca acomodo sobre mi pierna sana. Y solo estamos arrancando la temporada húmeda. Señor, ten piedad.

Yo que soy muy de fotosíntesis para alimentarme las ganas de vivir, noto que algo está fallando. Tengo ya toda el agua que ha rechazado Gipuzkoa en mis botas, me estoy poniendo ciega de chicles verdes y me pregunto dónde está la luz. Agua en las raíces, clorofila y sol, fotosíntesis de toda la vida; oxígeno a cascoporro y todo quisqui a seguir con sus cosillas. Así lo estudiamos, así es y así será; como la Semana Santa obligatoria, los toros y la España unida, grande y libre de las fantasías trasnochadas de algunos.

Pero, insisto, algo no va bien. Después del día de hoy estoy a tope de savia bruta (muy bruta) y necesito solecito para hacer un buen txotx de savia elaborada.

No tengo previsto perder la calma. No por esto; no todavía, vaya. Dependerá del grado de provocación y las ganas de norte de las borrascas de 2019. Sigo trabajándome la actitud ante la adversidad y estoy súper formal, pero, oye, una no es de piedra ni impermeable. Oremos.

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