La franja

Con una franja estrechita y larga limitan los territorios de la esperanza, al Sur, y el desamparo, al Norte. Es esa minúscula frontera, lugar donde se piensan, redactan y articulan los acuerdos que permiten mantener la paz del alma.

Es zona inestable, amenazada permanentemente por las tropas del Norte. Y es también, desde esa franja estrechita y larga, desde donde llegan los anticiclones que anuncian despejado el paso hacia el Sur.

Está el tiempo revuelto en la franja. Desde la posición del vigía, se reconocen a ambos lados de la frontera nubes cargadas de agua y se siente en primicia el olor de la tormenta. En territorio de esperanza, los andares se han pausado y las miradas humedecido; en territorio de desamparo, a duras penas se contienen los impulsos de encogerse y dejarse arrastrar hacia el hoyo donde se consumen las ganas.

El tiempo se detiene para impedir la capitulación de la franja. Una franja estrechita y larga que si no puede seguir siendo territorio de paz, pierde su sentido; que no quiere pertenecer al Norte por más desdibujado que se le muestre el Sur.

No se oye un alma. Me concentro en sentir el latido de mi corazón y me parece escuchar que alguien llora.

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