Un nuevo tiempo

Ayer decía mi cuñada Petri que hoy empezaba una nueva era. Sin él; sin Ernesto presente, con Ernesto en todas partes. Con Ernesto en el corazón y en la cabeza, en sus cosas, en lo que hacía, en los recuerdos que somos capaces de recuperar quienes le quisimos. 

Comienza un tiempo que nos pide tirar los dados con pocas ganas para seguir avanzando en este tablero de juego que nos plantea la vida. Estos días atrás nos hemos sentido como privados de turno, sin poder movernos de la casilla, observadores de la carrera de los demás y de cómo nos adelantaban por la izquierda y por la derecha.

Me he levantado de la cama con el recuerdo de Ernesto y la tristeza de haberlo perdido hace tan pocos días, que me cuesta hacerme a la idea. No sé cuántas fotografías hemos rescatado de nuestros álbumes, de papel o digitales, ayudándonos a evocarlo, a fijar su rostro, su porte, su sonrisa, su actitud, su estar sin interferir, su patriarcado edificado sobre el respeto a lo suyos y de los suyos.

Tengo la suerte de tener las mejores amigas del mundo y con ellas he aprendido a vivir desde el agradecimiento. Creo que esta perspectiva poco común ante el dolor es un gran regalo para la vida, porque nos permite plantar cara a la adversidad desde la fuerza que da sentirse agradecida y con el permiso para recogernos las unas en las otras, arroparnos y cuidarnos. Hacer lectura de las experiencias desde el agradecimiento es sanador porque es justo, porque tenemos mucho que agradecer.

En este nuevo tiempo en el que toca recolocarse y hacer lugar en el alma a las nuevas emociones, yo no dejo de pensar en lo agradecida que me siento por haber formado parte de la vida de Ernesto, y tener un sitio en el sólido hogar que construyó junto a Pilar. Esos cimientos, esas vigas, esas paredes, ese suelo firme y ese techo son para toda la vida y están por ellos.

Necesito dar las gracias a todas las personas que nos han tenido en su pensamiento, en sus oraciones, presentes en su canto; que nos han escrito o llamado con palabras emocionadas y cariñosas; que nos han abierto sus brazos y nos han permitido unos segundos de silencio mientras descansábamos unos gramos de tristeza sobre su afecto.

Empieza un nuevo tiempo, pero no será sin vosotros. Gracias Ernesto y Pilar.

Comentarios

Sara Solano ha dicho que…
Qué lindo poder agradecer el que alguien pasara por nuestra vida y la haya iluminado...
Unknown ha dicho que…
Un fuerte abrazo.
Amiga