Que me han echado

Esta mañana me han echado de una consulta médica. ¿A que no tengo pinta yo de ser una persona a la que haga falta echar de ninguna parte? ¿O sí?

Ha sido desagradable. Toda la consulta. Todas las consultas con esta persona.
No recuerdo que me hayan echado nunca de ninguna parte; más bien he sido yo la que se ha ido. Pero sí recuerdo haber vivido algunas situaciones de rifi-rafe en las que la tensión ha llegado a ese nivel en el que una de las dos partes abandona el terreno. Como digo, hasta hoy, o la otra persona o yo poníamos fin al desencuentro con más o menos arrebato. Pero lo de que me echen... Estoy en shock.

¿Que por qué me han echado? Vamos a ver:
Yo diría que por decir lo que pienso y reclamar objetividad y tacto en la valoración de mis avances, aunque sean en gran parte debidos a los cuidados de personas ajenas al sistema público de salud. No veo el problema en reconocer el buen hacer de terceros. ¿Lo importante no es la persona? ¿Por qué no alegrarse entonces de su mejoría? ¿Por qué no trabajar con la ilusión y la motivación a favor de la causa y de la paciente?

La otra parte diría que me ha invitado a salir -con ese gesto tan elocuente de abrirme la puerta-, por cuestionar el trabajo de una profesional y permitirme juicios de valor sobre los protocolos de actuación seguidos con respecto a mi lesión.

Lo peor de todo es que a la médica le han dolido mis palabras. Si es como yo (que igual no), estará todo el día como un alma en pena rememorando este desagradable encuentro. Y yo lo siento de corazón, porque siempre he sostenido que es una mujer amable que no es consciente del efecto que provocan sus palabras y sus valoraciones. Ella siente que se ha preocupado por mí y empatizado conmigo por lo que me ha ocurrido. Y yo sé que es verdad.

Pero también es verdad que de cada una de sus consultas he salido angustiada y con muchas ganas de llorar. Qué cosa tan curiosa; ¿cómo pueden las interpretaciones desde lo emocional pervertir tanto los lenguajes que utilizamos?

Yo iba nerviosa a la consulta. Intuía que me iba a caer un jarro de agua fría otra vez. He mejorado mucho desde la última vez que ella me había visto... Pero en esa consulta ocurren cosas: se pierden grados de flexión, se dibujan panoramas sombríos y las sonrisas abiertas no causan el efecto tranquilizante que acostumbran. Hoy también ha ocurrido eso.

Nunca ha sido mi intención hacerle daño. Solo he querido decir: "Oye, ¿por qué te cuesta tanto reconocer que estoy mejorando, que voy por buen camino?". A veces creo que esta locuacidad mía se me vuelve en contra. Quizá con menos verbos, menos adjetivos y menos oraciones compuestas, se me hubiera entendido mejor y el alcance de los daños hubiera sido infinitamente menor. Y yo me sentiría bien y no así.

Comentarios

Unknown ha dicho que…
Decía mi abuela que todo pasa y todo llega y hoy terminó el tiempo de sentirse mal... A seguir trabajando por esa recuperación y a descansar!!!!
Macarena Domaica Goñi ha dicho que…
Terminó. No puede ser de otra manera. Hay que seguir y no me permito estar más de 24 horas chinada con cosas como esta. Yo a lo mío :-)
Gracias por tu comentario.
Anónimo ha dicho que…
¿Echarte a ti? "Amos, anda". Sin embargo es verdad que hay personas que cada vez que hablas con ellas quieres llorar.
Yo no, yo me alegro de tu recuperación, por eso invadir este rincón para decirte que espero que pronto te pongas al frente de la nave interestelar. Mejórate, te echo de menos.
Macarena Domaica Goñi ha dicho que…
Queridos/as Unknown y Anónimo... Es que no sé quiénes sois porque solo veo esas identificaciones vuestras. Por tanto, os respondo con todo cariño, pero sin poder personalizar demasiado ;-)
Anónimo: gracias por echarme de menos y por alegrarte de mi recuperación.
Y otra cosa más: quienes venís por aquí nunca invadís; al contrario sois muy bienvenidos y bienvenidas.
¡Gracias!